El Diccionario del Institut d’Estudis Catalans define “estudiar” como: “Aplicar el espíritu para adquirir el conocimiento (de algo), para aprender (algo) de memoria”. Esta definición nos ayuda a hacernos una idea de lo que significa este verbo, pero no nos ayuda a saber cómo podemos alcanzar el objetivo que define: ser capaces de adquirir conocimientos.
Esta definición del diccionario, por otro lado, reduce el aprendizaje a “aprender de memoria”. Pero todos somos conscientes de que estudiar no puede limitarse únicamente a memorizar. El aprendizaje requiere comprensión además de capacidad memorística. Tener la cabeza llena de datos que podemos reproducir sirve de poco si, al mismo tiempo, no somos capaces de poner en juego esta información para algo más: resolver algún problema (matemático o no), comparar y contrastar, criticar y cuestionar, sintetizar.
Adquirir conocimientos, por lo tanto, va más allá de almacenar datos. El conocimiento implica tener la capacidad de dotar de sentido a toda esta información y saber utilizarla de maneras muy diversas.
Por eso, para saber estudiar es necesario dominar ciertas herramientas y estrategias. Las técnicas para estudiar nos ayudarán a alcanzar nuestros objetivos y éxitos académicos. No existe una fórmula mágica ni tampoco una receta secreta que funcione de la misma manera para todos. Por lo que cada estudiante debe ser capaz de conocerse y determinar cuáles son sus fortalezas y debilidades, y saber escoger las herramientas y estrategias de estudio adecuadas en cada caso.
Además de saber técnicas para aprender, hay que acompañar
Un buen acompañamiento docente pasa por enseñar y compartir métodos de estudio y aprendizaje distintos que permitan a los estudiantes ganar seguridad y autonomía. Unas técnicas que les facilite conocer el mayor número de herramientas posible. Así, podrán elegir cuáles son las más adecuadas en función de la situación, la asignatura y el formato del temario. Por eso, el profesorado sabe que debe dedicar tiempo en tutoría (y también en las asignaturas) para facilitar y acompañar al alumnado en procesos de autoconocimiento y de reflexión sobre sus propias habilidades, capacidades y motivaciones. Todo esto en paralelo al descubrimiento y a la consolidación de herramientas y técnicas de estudio.
Para empezar, es necesario que el alumnado sea consciente de lo que implica un buen proceso de aprendizaje. Saber escuchar, saber detectar la información esencial y saber aprovechar los recursos pedagógicos de la mejor manera. También hay que plantearse las siguientes cuestiones: ¿qué debo aprender y qué debo saber hacer con lo aprendido?; ¿Cómo me lo están enseñando y qué debo hacer para seguir el proceso de aprendizaje y poner en práctica los conocimientos que me están compartiendo?
Conseguir un buen rendimiento escolar
Los buenos hábitos de estudio siempre están relacionados con la buena predisposición que debe tener el alumnado en el aula para seguir las explicaciones y demandas de los docentes. Un buen rendimiento escolar está relacionado con cómo está el alumno en clase. Así pues, es importante la voluntad de aprender, la capacidad para plantear dudas, para pedir ayuda, para saber equivocarse o para aprender de sus propios errores. Todo esto es posible si el alumnado llega a clase con los objetivos claros y con las condiciones de bienestar necesarias. Estas son: descanso, dieta sana, estabilidad emocional y seguridad y comodidad en la escuela.
El proceso de estudio y aprendizaje comienza en el aula. Allí, debe predominar la escucha activa y debe despertarse el interés. Después, se requieren momentos de trabajo personal, a menudo individual, para consolidar lo aprendido.
La mejor técnica: comprensión lectora
En las diversas estrategias de estudio entra en juego la comprensión lectora. Esta es una habilidad que debe trabajarse y consolidarse desde los primeros cursos escolares. Acompañar en el proceso lector y garantizar que los niños y niñas entiendan lo que van leyendo es la primera clave del éxito. Desde la escuela se trabajan diversas estrategias lectoras que se van incorporando progresivamente como: saber hacerse preguntas, generar hipótesis, hacer inferencias o ser capaces de visualizar lo que las palabras nos dicen.
Por tanto, teniendo en cuenta las reflexiones que hemos compartido, podemos decir que el éxito en la formación académica tiene que ver con adquirir hábitos de estudio adecuados y consolidados de manera progresiva, así como con disponer de un buen método de estudio.
Los buenos hábitos
Los buenos hábitos serían, como hemos dicho, saber escuchar, saber dar importancia a lo que se trabaja día a día y ser conscientes de su propio proceso de aprendizaje para pedir ayuda u orientación cuando se considere oportuno. Este seguimiento del alumnado debe realizarse desde todos los agentes de la comunidad educativa. Desde el equipo docente hasta la familia y, muy especialmente, el propio alumno. Él mismo debe trabajar su autoconciencia y convertirse en el protagonista de los procesos de aprendizaje.
En definitiva, podemos enumerar los buenos hábitos del aprendizaje en:
- Tener claros los objetivos de cada aprendizaje.
- Contar con un horario adecuado que incluya momentos de estudio y de descanso.
- Mantener la atención adecuada en clase.
- Tener un espacio adecuado para una buena concentración y trabajo (pensar en lugares silenciosos y, si es necesario, utilizar recursos externos como bibliotecas).
- Mantener un estilo de vida saludable (buen descanso, pocas distracciones y dieta sana).
- Conocer las estrategias y las técnicas para estudiar que resulten más óptimas en función del perfil de aprendizaje y del tipo de reto propuesto por los docentes.
Entre las técnicas de estudio podemos mencionar las que sirven para organizar y gestionar el tiempo, como el método Pomodoro. Este método, bastante conocido por algunos estudiantes y propone trabajar periodos de veinticinco minutos de manera intensiva y sin distracciones, intercalados con pausas de cinco minutos. Se trata de una técnica que busca establecer objetivos concretos de trabajo (que se plantean en estos tiempos de veinticinco minutos), así como mejorar la productividad.
Las mejores técnicas para estudiar
Algunas de las técnicas de estudio que habitualmente se recomiendan y que se enseñan desde la escuela son:
- Toma y elaboración de apuntes. Se trata de una herramienta eficaz para mantener la atención y la concentración y, también, para practicar la capacidad de expresar con palabras propias lo que se va aprendiendo.
- Técnicas para sintetizar contenidos y saberes como elaborar resúmenes, mapas conceptuales y cronologías.
- Explicaciones orales de lo que se está estudiando. Es una técnica muy útil para algunos estudiantes con un perfil claramente comunicativo.
- Practicar con modelos de examen facilitados por el docente o creados por los estudiantes (de manera colaborativa o personal).
Para sacar el máximo provecho de todas estas técnicas, u otras, desde la escuela también se comparten recursos. Estos pueden ser digitales e iran acompañados de una reflexión crítica sobre el mal uso de fuentes no fiables o de la inteligencia artificial -que no debería sustituir ni reemplazar el talento humano-. Pero hay otros recursos, como hemos mencionado, como la comprensión lectora, la implicación, la capacidad de proponerse objetivos y mantener la motivación frente a uno de los retos más estimulantes al que puede enfrentarse el ser humano: ampliar conocimientos y estudiar para convertirse en personas que, con sensatez y sabiduría, puedan ser ciudadanos responsables, críticos y felices.